En una historia que trasciende fronteras, el portero de la Selección Nacional, Nicholas Hagen protagonizó un gesto que dejó huella: le regaló sus guantes al pequeño César, un niño que nació en Estados Unidos pero lleva a Guate en la sangre.
El encuentro ocurrió en Estados Unidos, donde César tuvo la oportunidad de conocer a su ídolo. Su padre, originario de San Juan Ostuncalco, Quetzaltenango, migró hace varios añosa Texas, pero ha mantenido viva en su hijo la pasión por la tierra que los vio nacer. César sueña con ser arquero, como Hagen, y ese día no solo recibió unos guantes usados por el portero, sino también una motivación imposible de medir.
César desde lo alto de un árbol observaba la llegada de los jugadores de la selección a un entrenamiento, Hagen lo miró y le expresó al papá: “Dáselos a ese niño que está arriba, por ser bien tranquilo”.

Este gesto de Hagen no fue parte de una campaña, ni un acto publicitario. Fue un encuentro sincero, íntimo y profundamente simbólico. Porque cuando los referentes se acercan a quienes sueñan, nace algo grande. Y cuando esos sueños cruzan fronteras, se vuelven poderosos.
El pequeño César ahora entrena con unos guantes que tienen historia y esperanza. Y desde donde esté, llevará en sus manos la herencia chapina y el impulso de saber que los sueños, incluso desde lejos, también son posibles.
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