El 19 de octubre último quedó grabado como una de las páginas más brillantes del fútbol guatemalteco: Juan José Chang Urrea, entrenador guatemalteco, se convirtió en el primer seleccionador nacional de Guate en dirigir un Mundial de la FIFA U‑17 Women’s World Cup, al tomar el mando de la selección femenina sub‑17 de Samoa (país ubicado en Oceanía).
Samoa, una de las naciones más pequeñas del fútbol mundial, alzó la vista internacional con esta participación histórica. Su debut en el torneo mundialista, ante la todopoderosa selección de Francia, concluyó con un marcador de 4‑2 en favor de las europeas, pero con una actuación digna y combativa por parte del equipo oceánico.
Según informes, las samoas intentaron todo, mantuvieron orden táctico y, pese a la diferencia de recursos, mostraron entrega hasta el pitido final.
Para Guate, la figura de Chang representa la proyección de talento nacional más allá de nuestras fronteras: su llegada al banco internacional y esta participación mundialista evidencian que los representantes chapines pueden dejar huella también en ámbitos globales.

De jugador a pionero internacional
Juan José Chang nació en Alemania, regresó a Guate a temprana edad y forjó parte de su carrera como jugador en clubes como Aurora F.C. y Antigua GFC, además de experiencias en Estados Unidos, España y Nueva Zelanda.
Su tránsito hacia la dirección técnica lo llevó primero por clubes femeninos en Nueva Zelanda, donde fue reconocido como entrenador del año en cuatro ocasiones.
En 2023 asumió la dirección de las selecciones femeninas de Samoa, llevando a la sub‑17 a la clasificación para el Mundial, que se está celebrando en Marruecos. Así, la exitosa campaña de su equipo le permitió al pequeño país dar un salto que pocas federaciones oceánicas dan.
El partido y lo que significa
En su primer compromiso mundialista, Samoa abrió el grupo ante Francia, un rival de altísimo nivel. Aun cuando el resultado no favoreció al equipo de Juan José Chang, el simple hecho de estar allí y pelear con dignidad fue motivo de celebración en Apia (capital de Samoa) y también en Guate.
Este momento se configura como símbolo de que “el camino se abre” para entrenadores y futbolistas guatemaltecos que sueñan con trascender. Además, pone en el mapa del fútbol internacional una labor poco frecuente: la de un guatemalteco al frente de una selección mundialista.
