En San Pedro La Laguna, el viento de noviembre no solo anuncia el cambio de estación; también despierta una tradición que ha sobrevivido gracias a las manos de dos hombres: Mariano y Juan González García. Desde hace 29 años, estos hermanos dedican su vida a la elaboración artesanal de barriletes, una costumbre que aprendieron de su padre y que hoy mantienen como símbolo de identidad y tradición en la comunidad.

En su hogar, el sonido del papel y el hilo se mezcla con la historia familiar. Allí, entre varitas secas recolectadas en las montañas, nacen los barriletes que cada año llenan el cielo de colores. La técnica ha evolucionado: pasaron de usar nylon y materiales improvisados a dominar el uso del papel de china, hilos especiales y figuras minuciosamente plasmadas. En sus diseños se reconocen rostros como: Ricardo Arjona, el Che Guevara o Bob Marley, pero también expresiones propias del arte popular que dan vida al viento de San Pedro.
Su labor rinde homenaje a su difunto hermano
Su taller, sencillo pero cargado de significado, guarda una presencia que trasciende lo visible. En un altar, rodeado de flores y fotografías, permanece el recuerdo de José González García, su hermano fallecido, con quien compartieron esta labor durante años. Desde entonces, cada barrilete que elaboran es también un acto de homenaje. En silencio, lo mantienen presente en cada forma que se eleva y en cada hilo que se tensa hacia el cielo.
Las familias del pueblo esperan noviembre para visitarlos. Algunos llegan en busca de un barrilete pequeño de tres quetzales; otros, de los más elaborados, que alcanzan hasta los treinta quetzales. Pero todos comparten el mismo propósito: conservar viva una práctica que da identidad a su pueblo. En San Pedro, volar un barrilete no es solo un juego, es una manera de recordar a quienes ya no están y de celebrar que las tradiciones siguen firmes cuando hay quienes las sostienen con orgullo.

Mariano y Juan González no solo fabrican barriletes. Fabrican tradición, historia y cultura. Su oficio mantiene unido a un municipio entero, con el mismo hilo que une a los vivos y los difuntos. Gracias a ellos, San Pedro La Laguna sigue mirando al cielo con orgullo, sabiendo que mientras haya viento, habrá tradición.
Buenas Noticias GT.