Cada 14 de enero por la noche, la ciudad de Chiquimula se transforma en un punto de encuentro espiritual para miles de fieles que llegan a la Basílica del Santo Cristo de Esquipulas para participar en la tradicional serenata en honor al Señor de Esquipulas, en vísperas de su día solemne, el 15 de enero.
Desde tempranas horas, peregrinos provenientes de distintos puntos de Guate y de países vecinos comienzan a congregarse en los alrededores del templo. Con velas encendidas, oraciones y cantos, esperan el momento en que la música y las alabanzas anuncian la medianoche, dando paso a una de las expresiones de fe más profundas del país.
La serenata reúne coros, grupos musicales religiosos y feligreses que, al unísono, elevan sus voces como ofrenda al Cristo Negro de Esquipulas, una imagen venerada por generaciones y asociada a historias de esperanza, consuelo y devoción popular. El ambiente se llena de recogimiento, emoción y gratitud, mientras las campanas de la basílica acompañan el inicio de la celebración.

Esta tradición marca el preludio de las actividades religiosas del 15 de enero, fecha central en honor al Señor de Esquipulas, cuando se celebran misas solemnes y continúan las peregrinaciones. Para muchos creyentes, vivir la serenata es un acto indispensable de su promesa y una experiencia espiritual que fortalece la fe comunitaria.

La serenata no solo es un acto religioso, sino también una manifestación cultural que refleja la identidad, la unidad y la profunda espiritualidad del pueblo guatemalteco, convirtiendo la noche del 14 de enero en un momento donde la fe se escucha, se siente y se comparte.