Rolando Gabriel Pichiyá, originario de Patzicía, Chimaltenango, ha construido una propuesta artística y educativa con un objetivo claro: fortalecer el kaqchikel desde el escenario, el libro y el aula.
Creció en un entorno donde esta lengua maya fue su primer idioma. Con el paso de los años entendió que preservarla no era suficiente; había que proyectarla. Así comenzó a fusionar música y poesía en kaqchikel, demostrando que el idioma tiene fuerza estética, profundidad emocional y vigencia contemporánea.
Desde la adolescencia encontró en la guitarra un vehículo de expresión. Más adelante decidió interpretar y adaptar canciones al kaqchikel, llevando la lengua a públicos que pocas veces la habían escuchado en formatos musicales modernos. Ese gesto marcó una ruta: el idioma también puede ocupar escenarios.
Su trabajo no se limita a la música. Con formación en educación intercultural y comunicación educativa, ha desarrollado proyectos pedagógicos y materiales que impulsan el aprendizaje y uso activo del kaqchikel. La revitalización lingüística, en su visión, requiere arte y estructura educativa.

En sus textos y composiciones aparecen temas como memoria, territorio, comunidad y pertenencia. El idioma no se presenta como elemento folclórico; es herramienta viva de pensamiento y creación.
La propuesta de Rolando Pichiyá confirma que las lenguas mayas pueden dialogar con el presente sin perder profundidad. Cuando un idioma se canta, se escribe y se enseña, se fortalece.
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