Cada Semana Santa tiene un punto de partida que marca el pulso de todo lo que viene después. En la Ciudad de Guatemala, ese momento lo encabeza la procesión de Jesús Nazareno de La Merced, una tradición que ha caminado durante siglos junto a la historia del país.
Desde el periodo colonial, la imagen resguardada en la Iglesia de La Merced ha salido a las calles como parte de una devoción que se ha mantenido firme con el paso del tiempo. Generaciones completas han acompañado este recorrido que hoy sigue convocando a miles de personas cada Domingo de Ramos.
La imagen de Jesús Nazareno de La Merced forma parte del legado espiritual más sólido del país. Su cortejo no solo abre la Semana Santa en la capital, también establece el ritmo de una tradición que combina fe, organización y participación colectiva en gran escala.
El recorrido reúne alfombras, marchas fúnebres y un orden que se repite con precisión año con año. Detrás de cada turno hay familias, cargadores y equipos que sostienen una estructura que ha logrado mantenerse vigente durante siglos, adaptándose sin perder su esencia.
Este cortejo también representa continuidad histórica. Ha atravesado cambios políticos, transformaciones urbanas y distintas etapas del país, manteniendo su lugar como uno de los referentes más antiguos en actividad dentro de la Semana Santa en Guate.

En cada anda, en cada paso y en cada turno, se percibe una herencia que sigue avanzando. No se trata únicamente de tradición, sino de una expresión colectiva que ha logrado sostenerse en el tiempo con disciplina, organización y sentido de pertenencia.