Hay historias que demuestran el poder del amor, la fe y la solidaridad. Una de ellas es la de Manuel Suruy, quien el 11 de julio conmemoró 32 años desde que recibió un trasplante de riñón, convirtiéndose, según su testimonio, en el trasplantado renal con más años de sobrevida registrado en Guate.
Su historia comenzó cuando tenía apenas 21 años y fue diagnosticado con insuficiencia renal terminal. Después de iniciar tratamiento de diálisis, su padre, Ramiro Suruy Contreras, tomó una decisión que cambiaría para siempre el destino de su familia: ofrecerle uno de sus riñones.
Los estudios de compatibilidad fueron enviados a México y, días después, los resultados llegaron por fax con una coincidencia del 95 %. El trasplante se realizó el 11 de julio de 1994 en el Hospital General San Juan de Dios bajo la dirección de los doctores Manuel Toledo Solares y Rudolf García Gallont.
La intervención quirúrgica duró cerca de nueve horas y contó con la participación de un equipo de 15 especialistas. El nuevo riñón comenzó a funcionar de inmediato y la operación fue un éxito.
Según recuerda Manuel, en aquella época los médicos le indicaron que la expectativa de sobrevida del trasplante era de aproximadamente ocho años. Sin embargo, más de tres décadas después continúa llevando una vida activa y agradecida.
“Hasta el día de hoy solo puedo decir que gracias a nuestro Señor Jesucristo es el principal en mi vida y salud“, expresó.
Actualmente mantiene un estricto seguimiento médico, toma medicamentos inmunosupresores de por vida para evitar el rechazo del órgano, se realiza controles periódicos y procura llevar una alimentación balanceada para cuidar su salud.
Un testimonio que trasciende fronteras
Más allá de su experiencia personal, Manuel ha dedicado gran parte de su vida a promover la cultura de la donación de órganos. Su historia ha sido compartida en países de Sudamérica, Norteamérica —especialmente México—, Europa y Australia.
También participó en reuniones legislativas en Guate representando a pacientes trasplantados y personas en hemodiálisis para impulsar la aprobación de la iniciativa de la Ley de Donación de Órganos y Tejidos. Actualmente, el país cuenta con un marco legal actualizado para fortalecer los procesos de donación y trasplante.
Además, acompaña a pacientes trasplantados y personas que reciben hemodiálisis, imparte conferencias para derribar mitos sobre los trasplantes y apoya a quienes tienen dificultades para obtener sus medicamentos.
Un legado de amor y esperanza
Manuel considera que cada día de vida es un regalo de Dios y un acto de amor de su padre, quien, después de donar uno de sus riñones, disfrutó de buena salud durante 26 años más.
Su historia recuerda que la donación de órganos puede transformar vidas y que, con disciplina, atención médica y esperanza, muchas personas pueden disfrutar de una vida plena después de un trasplante.
Con el respaldo de su familia y su profunda fe en Jesucristo, Manuel Suruy continúa llevando un mensaje de esperanza a miles de personas, demostrando que un acto de generosidad puede convertirse en un legado que perdura por generaciones.