Una historia que inspira y enseña a valorar la vida. Créditos: Buenas Noticias GT.
A los siete años, la vida de Leandro Lorenzo Chavajay cambió por completo. Lo que comenzó con una característica que llamó la atención de sus padres durante una cena —una voz grave e intensa para su edad— terminó llevando a una serie de estudios médicos que revelaron una realidad mucho más difícil: tenía cáncer, provocado por un tumor cerebral germinal.
En un primer momento, los médicos consideraron que podía tratarse de un trastorno del crecimiento. Sin embargo, después de ser trasladado a la Ciudad Capital y pasar por diferentes evaluaciones y hospitalizaciones, llegó el diagnóstico que marcaría su infancia. El tumor se encontraba en una zona delicada del cerebro y su tamaño hacía que una cirugía representara riesgos muy altos, entre ellos quedar paralítico o perder la visión.
Ante esas posibilidades, sus padres tomaron una decisión que cambiaría el rumbo del tratamiento: optar por la quimioterapia. Leandro enfrentó 7 quimioterapias y 30 sesiones de radioterapia. Mientras otros niños iban a la escuela, él pasaba gran parte de su tiempo entre hospitales, tratamientos y períodos de recuperación en casa.
La enfermedad también transformó su manera de estudiar. Durante un tiempo no pudo asistir presencialmente a clases y recibió tutorías personalizadas para continuar con su formación. Aun en medio de los tratamientos, Leandro encontró la manera de seguir adelante y culminó tercero básico con una mención honorífica.
Pero la batalla contra el cáncer no fue únicamente física. Durante sus años de tratamiento conoció a otros niños que también luchaban contra esta enfermedad y algunos de ellos murieron. Ver esas historias lo marcó profundamente y le enseñó a valorar de una manera distinta algo que muchas veces se da por sentado: estar vivo.

Con el paso de los años, Leandro continuó enfrentando controles y siguiendo su proceso médico. El 17 de julio de 2026, después de años de lucha y tras un chequeo rutinario, recibió una de las noticias más importantes de su vida: fue dado de alta.
Aquel momento significó mucho más que el final de un tratamiento. Para Leandro fue la confirmación de que podía comenzar una etapa diferente, una en la que sus planes ya no estuvieran marcados por hospitales y tratamientos, sino por las ganas de vivir y aprovechar cada oportunidad.
Hoy, a sus 20 años, trabaja en un negocio familiar en San Pedro La Laguna y está al frente de una cafetería, donde desarrolla su pasión por el barismo, prepara bebidas y crea arte latte. En ese espacio ha encontrado también una forma de reconstruir su vida y disfrutar de actividades que durante su infancia estuvieron fuera de su alcance.
Después de pasar tantos años enfrentando una enfermedad, sus sueños ahora tienen una sencillez especial. Quiere recuperar tiempo con su familia, caminar, conocer lugares, compartir momentos y disfrutar esas pequeñas experiencias que alguna vez tuvo que dejar de lado.
Leandro también tiene un mensaje para quienes actualmente enfrentan el cáncer. Les pide que no se rindan, que mantengan la fe, se encomienden a Dios y recuerden que cada día representa una nueva oportunidad. Su propia historia le enseñó que incluso después de los momentos más difíciles todavía puede existir un motivo para seguir luchando.

Hoy Leandro no quiere que su historia sea definida únicamente por el cáncer. Quiere que también sea recordada por su valentía, por la fuerza con la que enfrentó su infancia, por su capacidad de continuar estudiando y por las ganas que tiene de vivir.
Después de 13 años marcados por una enfermedad que comenzó cuando era un niño, Leandro tiene una nueva oportunidad frente a él. Y esta vez, quiere dedicarla a vivir.
Esta historia es una producción de Buenas Noticias GT. Cualquier reproducción parcial o total deberá otorgar los créditos correspondientes y citar a Buenas Noticias GT como medio de origen.