Los guayacanes comienzan a florecer y transforman el paisaje de la Antigua Guate. Sus árboles cubiertos de amarillo aparecen en calles y alrededores de la ciudad, marcando el inicio de una de las transiciones más reconocibles del calendario local.
Cada año, esta floración coincide con la cercanía de la Cuaresma y se convierte en una referencia natural para vecinos y visitantes. El color amarillo se suma al ambiente de la ciudad y anticipa una temporada ligada a tradición, fe y actividad cultural.
Durante estos días, los guayacanes destacan en el entorno urbano y rural, aportando un paisaje que identifica a la Antigua en las semanas previas a las celebraciones cuaresmales.

La ciudad entra así en una etapa donde naturaleza y tradición avanzan al mismo ritmo, ofreciendo una postal que marca el paso del tiempo en la Antigua Guate.