En el Instituto Eugenio Laugerud García ocurrió uno de esos momentos que se quedan en la memoria por su fuerza y claridad. Fredy López Santizo, estudiante con discapacidad auditiva, finalizó el ciclo básico y sus compañeros decidieron despedirlo como se reconoce a alguien que deja huella: con una valla de honor y el aplauso en lenguaje de señas.
El gesto no fue improvisado. Fue la forma de su promoción de decirle “lo lograste” en un idioma que él entiende, mostrando consideración real y una cohesión que pocas veces se ve en un cierre de año. Fredy caminó entre ellos con la seguridad de quien sabe que cumplió su meta, mientras sus compañeros acompañaban ese último paso con un mensaje silencioso, pero contundente.

Más que una despedida, fue una demostración de convivencia inteligente: jóvenes que entienden que reconocer a alguien no necesita adornos, solo autenticidad y respeto.
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