En la comunidad de San José, en el departamento de Petén, cada 1 y 2 de noviembre se realiza una tradición única en Guate: la procesión de las llamadas “Santas Calaveras”. Esta práctica mezcla fe católica, memoria ancestral maya‑itzá y un profundo sentido de identidad comunitaria.
La celebración inicia con una misa en la iglesia del municipio, donde se presentan tres cráneos humanos —según la tradición, pertenecientes a antiguos sacerdotes itzáes— que quedan dispuestos frente al altar. Tras el servicio, una de esas calaveras es sacada en procesión por las calles del pueblo, visitando domicilios de familias que previamente solicitaron recibirla. Durante el recorrido, los fieles rezan, besan los cráneos o se persignan, e incluso preparan ofrendas y alimentos típicos.
Las casas que reciben la calavera disponen de altares particulares donde colocan fotografías, veladoras, y degustan platillos como bollos de ixpelón, conservas de jocote, ayote, y el tradicional atol ixpasá —un atol negro de maíz que en la cosmovisión maya representa tránsito, oscuridad y transformación.
Esta tradición reúne tres dimensiones esenciales:
Memoria y ancestralidad: Al venerar aquellas calaveras, la comunidad afirma que los muertos no están simplemente ausentes, sino que visitan la tierra, deben ser honrados y su legado mantenido vivo. Identidad local: Esta procesión no se hace en cualquier lugar; es particular de San José (Petén), lo cual refuerza el sentido de pertenencia y singularidad frente al resto del país.
Sincretismo cultural: Lo que sucede combina ritos cristianos (misa, bendición) con elementos de tradición maya‑itzá (reverencia a los ancestros, símbolos de muerte como transformación) creando una práctica que atraviesa épocas y creencias.

Un valor que merece reconocimiento
En tiempos donde las tradiciones pueden diluirse bajo la globalización, la procesión de las Santas Calaveras reafirma que Guate posee formas propias de entender la vida, la muerte y la comunidad. Esta manifestación cultural permite a San José presentarse al país desde su raíz: no como un espectador, sino como portador de una herencia viva.

Para el medio Buenas Noticias GT, esta es una historia de identidad local, de cultura que no se guarda sino que se comparte. Contar cómo un pueblo mantiene un rito propio es celebrar que la diversidad de Guate no solo existe, sino que dialoga, se visibiliza y nos invoca a conocerla.