Nota del día

Estaciones, el libro escrito por un guatemalteco que sobrevivió a un cáncer pulmonar

Néstor Torres es un ejemplo de lucha y éxito. Foto: cortesía

Néstor Torres es un joven, de 32 años, apasionado por la lectura y la escritura, y sobreviviente de una enfermedad que, en su momento, golpeó con fuerza su cuerpo, y que hoy es un recuerdo de lucha y perseverancia.

La historia de Néstor, además de admirable, es esperanzadora, porque confirma que, no importando las adversidades, los sueños y las metas sí se pueden cumplir.

El joven guatemalteco ha escrito un libro titulado “Estaciones”, que es “una obra profundamente personal”, como lo asegura Torres en un post en Facebook.

Escribí cada verso desde la necesidad de entender la vida como un ciclo o más bien, como un ouroboros: florecer, marchitar, volver a empezar. A través de la naturaleza, el amor y la pérdida, el libro explora las dualidades que todos enfrentamos, con palabras nacidas de la nostalgia y la renovación”, continúa el talentoso guatemalteco.

Lo interesante de este libro, además de su contenido, es que estará a disponibilidad de los guatemaltecos durante la Feria Internacional del Libro en Guatemala (Filgua 2025), un evento que está en desarrollo en Fórum Majadas, zona 11. Néstor Torres presentará “Estaciones” el próximo sábado 12 de julio a las 15:00 horas en la sala Margarita Carrera (DeMuseo) dentro de Majadas Once. Al finalizar habrá firma de libros.

Acerca de la dura batalla que enfrentó Néstor Torres

Corría el año 2024 cuando este joven guatemalteco, con 31 años en ese entonces, se le diagnosticó cáncer con metástasis en gran parte del cuerpo.

“Fue un golpe inesperado, como si la vida se detuviera de un momento a otro. Me enfrenté a tratamientos intensos, a un coma inducido de casi un mes, y a un proceso médico que duró cerca de un año”, narra Torres durante una entrevista con Buenas Noticias GT.

“Tras salir del coma, pasé por siete ciclos de quimioterapia, cada uno de cinco días consecutivos, con sesiones de 18 horas diarias. También recibí radioterapia dirigida al cerebro y un régimen estricto de medicamentos de control. No fue fácil. Perdí 50 libras de peso y tuve que volver a aprender a caminar, a hablar, a comer… incluso a escribir. Fue como empezar desde cero en un cuerpo que ya no reconocía del todo. Pero en medio de todo ese caos, hubo algo que nunca me abandonó: mi familia, mis amigos y mis seres queridos, que se resumen en una sola palabra: amor”, prosigue.

Además, “desde los 17 años he escrito poesía. Para mí, escribir siempre fue una manera de procesar lo que sentía, de entender el mundo, de ordenarlo cuando parecía desbordarse. Y durante la enfermedad, aunque no podía escribir —ni física ni mentalmente—, las palabras seguían ahí. Eran como un pulso interno que me decía: “Seguís aquí. No te has ido”.

“Después de ese año tan duro, decidí publicar mi primer libro, Estaciones. Pero quiero dejar algo claro: no lo hice como un acto de despedida ni como un intento de dejar un legado “por si pasaba lo peor”. No. Lo hice como un acto de recuperación. Fue mi forma de reclamar algo que era mío, algo que llevaba 15 años construyendo en silencio. Publicarlo fue como decirle a la vida: “Esto también soy yo. No solo la enfermedad, no solo el dolor”, continúa.

Así mismo, “Creo que ahí está la verdadera conexión entre la poesía y la vida. La literatura no solo acompaña; también te sostiene, te devuelve la identidad. Te recuerda quién eras antes del diagnóstico, quién sos mientras luchás, y quién podés seguir siendo después”.

“Hoy, con 32 años, puedo decir con gratitud que la enfermedad está controlada. Mi salud está estable y, a pesar de todos los tratamientos médicos, no tengo secuelas. Llevo una vida plena, sin limitaciones. Pero sí soy otra persona. Aprendí a escuchar a mi cuerpo, cambié mi rutina, mi alimentación y mi forma de habitar el tiempo. Hoy agradezco cada hora, cada día. Me detengo más, siento más y valoro más”, enfatiza.

El mensaje de Torres a los que atraviesan procesos difíciles

“A quienes están atravesando momentos difíciles, les diría esto: no se olviden de quiénes eran antes, durante y después del dolor. Esa esencia sigue ahí y se transforma con nuestra lucha diaria. Y cuando uno logra conectar con ella, aunque sea un pedacito, la vida empieza a reescribirse con valentía para seguir siendo mejores seres humanos día a día”, concluye.

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