Turisteando por Guate

La iglesia de San Andrés Xecul recupera sus colores tradicionales gracias al trabajo de la comunidad

Así avanzan los trabajos de remodelación de esta famosa iglesia. Créditos: José García.

En el corazón de Totonicapán, uno de los templos más singulares de Guate comienza a recuperar el colorido que durante décadas lo ha convertido en una de las iglesias más reconocidas del país.

La emblemática Iglesia de San Andrés Xecul entra en la fase final de los trabajos de remozamiento de su fachada, una intervención impulsada por vecinos y feligreses del municipio que decidieron restaurar los colores que caracterizan al templo.

Desde los andamios colocados frente al frontispicio, pintores y voluntarios avanzan con precisión sobre cada relieve, devolviendo el amarillo profundo y los múltiples detalles cromáticos que forman parte de su apariencia tradicional. El proceso ha incluido limpieza de capas antiguas de pintura, aplicación de una base protectora y la posterior recuperación de cada uno de los elementos decorativos.

Según quienes participan en los trabajos, el objetivo ha sido mantener intacto el diseño original del templo, respetando cada figura y cada detalle que forma parte de su valor histórico. Actualmente la fase final se concentra en la coloración de los relieves ornamentales, con un avance cercano al 70%.

Créditos: José García.

Construida entre los siglos XVII y XVIII, la iglesia es considerada una de las fachadas religiosas más peculiares de Centroamérica. Su arquitectura combina rasgos del barroco colonial con expresiones propias de la cosmovisión maya k’iche’, una mezcla que se aprecia en las cerca de 200 figuras esculpidas en su fachada, donde aparecen animales, frutas, personajes y símbolos religiosos. 

El intenso color amarillo que domina el templo tiene un significado profundo: en la tradición maya está asociado al maíz, símbolo de vida y alimento. Junto a él aparecen tonos rojos y otros colores que evocan elementos del amanecer, la naturaleza y la espiritualidad del pueblo.

La cúpula del edificio también conserva uno de sus rasgos más curiosos: franjas multicolores que recuerdan la forma de una pelota del antiguo juego ceremonial mesoamericano, otro guiño a las raíces culturales del lugar.

A lo largo de su historia, la iglesia ha sido cuidada en gran medida por la propia población del municipio, que ha participado en reparaciones y mantenimiento del templo generación tras generación.

Hoy, ese mismo espíritu comunitario vuelve a reflejarse en los trabajos que buscan devolverle a la fachada el aspecto vibrante que la ha convertido en uno de los templos más fotografiados de Guate.

Una escena que recuerda que el patrimonio también se protege con manos locales, cuando una comunidad decide preservar aquello que forma parte de su historia. Una historia que vale la pena contar en Buenas Noticias GT

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