En lo profundo del bosque nuboso de San Rafael Pie de la Cuesta, San Marcos, late un proyecto innovador que promueve la conservación del quetzal: la instalación de nidos artificiales, una estrategia que ya es ejemplo para otros países.
El mecanismo es simple pero brillante: se utilizan troncos muertos en descomposición de la especie local conocida como batz, elevándolos y fijándolos a árboles vivos, a unos siete metros de altura. Su textura porosa y blanda facilita que los quetzales piquen, se adapten y elaboren ahí sus propios nidos.
Estos refugios se colocan entre cinco y seis meses antes de la temporada de cría para que las aves los reconozcan, los observen y, solo cuando se sienten seguras, comiencen a utilizarlos. Gracias a esta preparación, el número de parejas reproductoras se ha duplicado en los últimos años, pasando de unas 15 o 20 a más de 35.

Proyecto de nidos artificiales es estudiado por científicos
En la última temporada de anidación, que va de noviembre a junio, se instalaron seis nidos artificiales, de los cuales cuatro fueron utilizados por parejas de quetzales, resultando en el nacimiento de diez crías. Un avance notable frente a años anteriores.
Además de su impacto en la preservación de la especie, este método ha generado interés internacional entre biólogos y conservacionistas que buscan replicar el modelo. Para el turismo, significa también una experiencia única: observar de cerca el cortejo, la crianza de pichones y el vuelo majestuoso del ave nacional.

El Refugio del Quetzal no solo protege un símbolo patrio, sino que ha convertido simples troncos en esperanza viva, y su bosque en el escenario donde la naturaleza y la identidad de Guate se encuentran para darle nuevas alas a nuestra historia.
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