En la Villa de San Juan Sacatepéquez se celebra una práctica que combina devoción, memoria comunitaria y continuidad de costumbres: el traslado de las pertenencias y las imágenes de los Cristos de la Justicia al nuevo comón que los albergará durante el año. Esta ceremonia se realiza en paralelo con el cambio de autoridades indígenas, un acto que desde tiempos antiguos marca el inicio de un nuevo ciclo de responsabilidad y servicio comunitario.
Desde primeras horas de la mañana, vecinos, autoridades salientes y entrantes se reúnen en el comón anterior para firmar el acta de traspaso de las pertenencias de los Cristos de la Justicia y entregar la llave al nuevo alcalde indígena, señal clara de que la comunidad asume una nueva etapa de custodio y respeto hacia estas imágenes sagradas.
Posteriormente, con un sentido de solemnidad y compromiso, se efectúa el traslado de los objetos y las imágenes hacia la casa del nuevo primer alcalde indígena. Entre los haberes que se mueven se encuentran cofres, roperos, sillas y candelabros, todos cargados por personas designadas especialmente para esta tarea. Siguiendo la tradición, ninguna pertenencia se transporta en vehículo, sino que se lleva en andas o cargada por los cuidadosos portadores.
Uno de los momentos más simbólicos de esta jornada es el traslado de las tres piedras, elementos que tienen un significado especial dentro de la costumbre. Los sanjuaneros que participarán en esta parte de la ceremonia solicitan permiso con meses de anticipación para cargar estas piedras, acto que se vive con profunda devoción y respeto durante el recorrido que puede extenderse por casi una hora.

El recorrido por las calles principales del municipio no sólo representa un traslado físico, sino también una confirmación colectiva de fe y sentido de pertenencia. A pesar de los cambios climáticos o las dificultades, los vecinos acompañan a las imágenes y pertenencias hasta el nuevo comón, preservando así una tradición que ha sido heredada de generación en generación y que mantiene viva la memoria de la comunidad.

Esta práctica, única en San Juan Sacatepéquez, no sólo reafirma la fe católica local, sino que se convierte en un punto de encuentro donde la cultura, la historia y la vida comunitaria convergen, fortaleciendo los lazos entre generaciones y sosteniendo las raíces de un pueblo consciente de su legado.