Jocotenango, Sacatepéquez, vivió un día de profundo significado para su comunidad al conmemorarse el XXV aniversario de la consagración de la imagen de Jesús Nazareno de Jocotenango “El Dulce Rabí”, una de las devociones más entrañables y representativas de la tradición religiosa y cultural de Sacatepéquez.
La imagen, venerada desde hace décadas por su iconografía expresiva y arraigo popular, fue solemnemente consagrada el 11 de febrero de 2001, un acto que consolidó su lugar en el corazón de los fieles y marcó un antes y un después en la historia espiritual del municipio.
La celebración de estos 25 años de consagración no se limitó a un solo día: desde principios de febrero, la hermandad local organizó una serie de actividades que incluyeron velaciones, conciertos de marchas fúnebres, eucaristías de acción de gracias y momentos de reconocimiento comunitario, todos orientados a preparar a la feligresía para la jornada principal.

El domingo 15 de febrero fue el punto culminante de esta conmemoración con una procesión extraordinaria, en la que el cortejo procesional recorrió diversas colonias y sectores de Jocotenango para bendecir cada rincón con la presencia de la imagen del Nazareno. La jornada inició con una Santa Eucaristía de agradecimiento, presidida por autoridades religiosas, y prosiguió con el paso solemne del anda por las calles, acompañado por devotos, hermandades invitadas, música de bandas y el fervor de quienes año tras año renuevan su fe.
“El Dulce Rabí”, como cariñosamente se conoce a esta representación de Jesús Nazareno, ha trascendido su significado como obra de imaginería barroca para convertirse en símbolo de unidad, perseverancia y fe viva en la comunidad. Su expresiva fisonomía, con rasgos que evocan tanto humanidad como devoción, es motivo de respeto y reverencia no solo durante Cuaresma, sino en cada aniversario y encuentro espiritual.
La celebración de los 25 años de consagración no solo reafirma las raíces culturales del pueblo sacateco, sino que también refleja la capacidad de una comunidad por honrar su patrimonio religioso con dignidad y sentido colectivo. Las calles que vieron pasar el cortejo extraordinario hoy se llenan de memoria, emoción y gratitud, y la celebración completa deja una estela de esperanza y cohesión en el tejido social de Jocotenango.