Con un discurso profundo, sereno y lleno de convicción, la representante de Totonicapán logró conectar con el público al hablar de identidad, comunidad, educación y del valor de regresar a los principios heredados por los abuelos. Sus palabras trascendieron el certamen y despertaron admiración dentro y fuera del pueblo maya.
Sin embargo, detrás de aquella oratoria existe una historia que comenzó muchos años antes.
Desde los ocho años encontró en la escritura una forma de expresar ideas y emociones. Lo que inició participando en certámenes escolares evolucionó hasta convertirse en una vocación literaria que hoy también forma parte de su identidad.
Ese camino dio origen a “Voces de agua caliente”, una antología que reúne a quince escritores de Totonicapán y que nació con el propósito de visibilizar el talento literario de su departamento. El proyecto surgió después de que Angélica obtuviera el primer lugar como Poeta Totonicapense Laureado en 2024, reconocimiento que la motivó a impulsar un espacio donde otras voces también pudieran ser leídas.
Pero su compromiso va mucho más allá de la literatura
Actualmente colabora con los colectivos Tzununija y Tuxinem, promoviendo información accesible para la población y participando en iniciativas que fortalecen la identidad cultural y el acceso al conocimiento mediante un lenguaje claro y cercano. Su historia también está marcada por la resiliencia.
Durante varios años enfrentó episodios de depresión derivados del acoso escolar. En lugar de renunciar a sus sueños, decidió convertir cada dificultad en una oportunidad para aprender. Integró la Orquesta Juvenil de Totonicapán, formó parte de la Marimba Femenina de Totonicapán, estudió Informática en INTECAP, obtuvo el primer lugar nacional de Oratoria INTECAP 2024 y continuó preparándose mediante diplomados y trabajo voluntario.
Su mensaje durante Rab’in Ajaw reflejó precisamente ese recorrido:
Invitó a recuperar los valores que han sostenido a los pueblos originarios durante generaciones: el respeto, la vida en comunidad, el apoyo mutuo y la responsabilidad colectiva. Para ella, una sociedad más justa solo puede construirse cuando el conocimiento se comparte y las raíces culturales dejan de verse como pasado para convertirse en una guía hacia el futuro.
Más que representar a Totonicapán en uno de los escenarios culturales más importantes de Guate, Angélica Salomé Ajché Ramos representó una forma distinta de ejercer el liderazgo: desde la palabra, el pensamiento crítico, la educación y la cultura.

En tiempos donde la inmediatez suele imponerse, su historia recuerda que las ideas bien construidas siguen teniendo el poder de inspirar, transformar y dejar huella.
Reportaje especial y autoría de Buenas Noticias GT.