Cada Viernes Santo, la aldea Chivarreto, en San Francisco El Alto, Totonicapán, se convierte en escenario de una de las expresiones culturales más singulares de Guate: las tradicionales peleas a puño limpio, una práctica centenaria que combina elementos de fe, identidad comunitaria y convivencia.
Desde hace más de cien años, hombres y mujeres mayores de edad participan de forma voluntaria en estos combates, que se desarrollan en un cuadrilátero improvisado bajo normas establecidas por las autoridades comunitarias. Entre las reglas destacan el respeto mutuo, la prohibición de golpes indebidos y la supervisión de árbitros locales, lo que garantiza el orden durante la actividad.
De acuerdo con la tradición oral, esta práctica surgió como un acto de penitencia vinculado a la conmemoración de la Pasión de Cristo, simbolizando el sacrificio y el dolor asociados a la crucifixión. Con el paso del tiempo, además de su significado religioso, se ha consolidado como una manifestación cultural que fortalece los lazos comunitarios.
Las peleas, conocidas también como “trompones de Chivarreto”, reúnen cada año a cientos de participantes y miles de espectadores, entre ellos visitantes nacionales y extranjeros que llegan atraídos por esta tradición única. Más allá del enfrentamiento físico, el evento representa un espacio de encuentro donde se promueven valores como el respeto, la valentía y la identidad cultural.
Autoridades comunitarias organizan la jornada con antelación, estableciendo reglas y medidas de seguridad, lo que permite que la actividad se desarrolle en un ambiente controlado y ordenado. Asimismo, se convierte en una oportunidad para dinamizar la economía local y proyectar la riqueza cultural de Totonicapán al mundo.
Así, las peleas de Chivarreto continúan siendo una tradición viva que, año tras año, reafirma la identidad de sus habitantes y mantiene vigente una práctica que trasciende generaciones, enmarcada en el respeto a las costumbres y la fe de la comunidad.